Francois Cevert, los ojos más lindos de la Fórmula 1 en los ’70: del romance con Brigitte Bardot a su muerte, que anunció una vidente

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Estados Unidos estuvo presente en la Fórmula 1 desde su primera temporada, cuando el Gran Premio de Indianápolis 500 representó la tercera prueba puntuable de 1950. En sus diferentes circuitos, el GP que este fin de semana regresará al calendario después de ser pospuesto por la pandemia en 2019 fue protagonista de varios accidentes, entre ellos uno que marcó a la categoría porque involucró a uno de los pilotos con mayor proyección en los peligrosos y mortales ’70: Francois Cevert, el dueño de “los ojos más lindos de la F1” que tuvo un affaire con Brigitte Bardot y cuya muerte le había sido anunciada por una vidente incluso antes de convertirse en profesional.

La F1 era un sueño lejano para un Cevert de 20 años que en 1964 conoció en Saint Tropez a Anne “Nanou” Van Malderen, una parisina casada que supo que conocería a un hombre de ojos azules en el mar tras acudir a una vidente, quien también le había aportado otros datos sobre él: que se dedicaría al automovilismo, que el éxito se interpondría en la relación y que no llegaría a cumplir los 30.

La periodista especializada Laura Cerezo calificó a Cevert como (“los ojos más lindos de la Fórmula 1”, Foto: AFP

Cada una de las partes de la profecía se cumplió. Primero cuando este francés nacido en una París ocupada por las nazis y registrado con el apellido materno porque su padre era un judío que había escapado de Rusia en la Segunda Guerra Mundial (Charles Goldenberg) ganó la beca Shell y se inició en la Fórmula 3 con el equipo Alpine Renault.

Para entonces, ya había dejado atrás sus 12 años de estudios de piano -una virtud que compartía en cada hotel donde había un piano y con la que encantaba a las mujeres- para aferrarse a la adrenalina que le dieron las motos y luego los autos, influenciado por el marido de su hermana, Jean-Pierre Beltoise, quien llevaba dos temporadas en la F1 con Matra cuando en 1970 Cevert se convirtió en piloto de March, el equipo que generó los cimientos del Tyrrell.

Aunque la temporada la comenzaron Jackie Stewart y Johnny Servoz-Gavin, la decisión del francés de retirarse al no clasificarse en Mónaco, la tercera prueba del campeonato, motivó que Ken Tyrrell le hiciera caso a su piloto estrella y contratara a ese joven que deslumbraba en la F2.

Si bien Cevert apenas sumó un punto -por su sexto puesto en el GP de Italia- en 9 carreras, al año siguiente colaboró con 26 para ampliar aún más la diferencia con BRM en el título de constructores y ganó su primera (y única) carrera: el GP de Estados Unidos en Watkins Glen, el mismo circuito donde murió dos años después.

Mientras tanto, en su vida personal se había cumplido el segundo vaticinio de la vidente: el éxito del parisino atraería a Brigitte Bardot, la actriz, modelo y sex symbol diez años mayor que él que en 1956 ya había encantado al argentino Carlos Menditeguy, quien había dejado plantado a Maserati para pasar un fin de semana con ella en la Costa Azul. “No era una oportunidad para despreciar ¿no?”, declararía el también jugador de polo que por esa decisión fue desafectado del equipo italiano de F1.

En el caso de Cevert, Bardot no fue una relación de un fin de semana aunque sí un breve romance. Se conocieron en febrero de 1971 en la apertura del Salon de la Voiture de Course, en París. Y aunque ella no le dedicó ni una línea en su autobiografía, para él representó un empuje publicitario en su incipiente carrera; también en su vida amorosa, cuya última conquista fue la condesa Christina de Caraman, su última compañera y con quien pensaba casarse.

Stewart lo había moldeado como su sucesor pero la tragedia lo impidió

Helen y Jackie Stewat con sus hijos. Ambos fueron muy cercanos a Cevert. Foto Instagram Sir Jackie Stewart

-Estúpido, ¿por qué no me pasaste? Cometí un error, la carrera era tuya.

-No es la manera en la que yo quiero ganar.

El diálogo entre Jackie Stewart y Francois Cevert se dio el 29 de julio de 1973, cuando Tyrrell firmó el 1-2 en el Gran Premio de los Países Bajos, el segundo de la temporada (tras Bélgica) y que se repetiría en Alemania, la semana siguiente.

“Jackie erró un cambio a la salida de la curva Tarzán y Francois tuvo que frenar fuerte para no llevarlo por delante. Francois adoraba a Jackie y era feliz siendo segundo, aprendiendo de su maestro y esperando su turno“, relató el mexicano Joaquín “Jo” Ramírez, entonces mecánico encargado del auto del francés, en su libro de memorias.

Apoyado en su compañero y en sus cinco victorias, Stewart conquistó su tercer campeonato en la F1 de manera anticipada y llegó a Norteamérica para las pruebas de Canadá y Estados Unidos con la decisión meditada de su retiro, algo que solo sabían su esposa, Helen, y Ken Tyrrell. Pero no su pupilo, que analizaba irse a Ferrari para obtener el protagonismo que en Tyrrell no le daban.

La bandera a cuadros cae sobre Francois Cevert. Foto: AFP

Cuenta la historia que durante unas vacaciones en Bermudas entre el GP de Italia, del 9 de septiembre, y el de Canadá, del 23, Cevert se lo confesó a Stewart. Jackie, Ferrari me hizo una oferta. Algún día tengo que seguir mi camino, y tu relación con Ken es tan buena que quizás nunca pueda ganarte. Tengo que buscar otro equipo”, le dijo. El británico le respondió: “Espera al final de la temporada, François, no seas impaciente. Sos demasiado bueno para que Ferrari no espere otros diez días”.

Cevert le hizo caso a su “maestro”, como lo calificó después de aquella victoria en el GP de Estados Unidos de 1971 en Watkins Glen, el lugar en el que dos años después iba a conocer que sería el sucesor de Stewart en Tyrrell a partir de 1974.

La muerte en el guardarraíl

El 3 de octubre de 1971, Francois Cevert se convirtió en el segundo francés en ganar un Gran Premio de Fórmula 1 luego de que Maurice Trintignant lo hiciera en Mónaco en 1955 y 1958.

“Conducía como si estuviese en el infierno y no pensaba lo suficiente. Jackie me enseñó cómo se debe analizar un auto, cómo se debe pensar cuando se maneja, la visión que se debe tener. Él hizo toda mi educación”, decía entonces quien aparecía en el horizonte como el primer francés con posibilidades de ser campeón en la categoría, algo que recién lograría Alain Prost en 1985.

Dos años después, Cevert tenía la experiencia de los años junto a Stewart, una oferta de Ferrari y una realidad desconocida como piloto número 1 de Tyrrell desde 1974. Pero ese anuncio no llegó, como tampoco el récord de 100 carreras de su compañero en la F1 antes de anunciar su retiro.

A aquella última carrera había llegado tras recuperarse de un choque con Jody Scheckter en Bowmanville durante la vuelta 32 del GP de Canadá, lo que obligó al equipo a traerle un nuevo auto desde Inglaterra, el 006/3 en el que encontraría la muerte.

A las 11 del 6 de octubre de 1973, en la zona de las eses del circuito, el Tyrrell del francés impactó el guardarraíl de la derecha, rebotó, dio varios trompos y cayó contra la barrera del otro lado de la pista. Según la crónica de Clarín de ese día, el auto “quedó totalmente destrozado” y “su cuerpo fue retirado tras grandes esfuerzos”. “Ya había fallecido. El impacto contra el guardrail había sido mortal”, aclaró el artículo, que reflejaba que “se lo consideraba uno de los tres más grandes pilotos del momento con Stewart y Emerson Fittipaldi”.

En Clarín. Trágico fin del volante Francois Cevert.

“Ví a los comisarios con doble bandera amarilla, señal de que había que parar, empecé a mirar y había restos por toda la pista. Parecía un accidente aéreo, pero las piezas tenían el tamaño suficiente para ver que eran azules. Llegué al lugar del accidente y me quedé paralizado por el horror, me dí cuenta de que nada podía hacer… El Tyrrell estaba atrapado entre los restos de los guard-rails, la trompa hacia abajo y el habitáculo mirando hacia mí. Había humo y vapor por todas partes, un reguero de aceite. Y allí, todavía atrapado por el cinturón de seguridad, estaba mi compañero de equipo, mi protegido, mi amigo, mi hermano pequeño… Francois estaba muerto”, relató Jackie Stewart, quien pese a la intención inicial de Tyrrell -que fue convencido de retirar los autos por Helen, la esposa de Jackie- no disputó su última carrera y su historial se frenó en 99 Grandes Premios.

En cambio, Beltoise tuvo que seguir las órdenes de BRM y correr pese a la muerte de su cuñado. Llegó noveno e inmediatamente tomó un vuelo a París llevándose consigo las pertenencias de Cevert. Al podio se subieron Ronnie Peterson (Lotus), James Hunt (March) y Carlos Reutemann (Brabham).

“Alguna gente lo consideraba un playboy, le gustaba vestir con estilo, y una vez llegó a mostrar una presencia espectacular cuando se presentó con un abrigo de piel hasta las rodillas y un collar de peces. Le expliqué todo lo que sabía. La relación funcionó porque él tenía poca experiencia y muchas ganas. Muchos pilotos se contentan con servirse del talento natural que Dios les dio; pocas veces tienen que esforzarse más allá de lo que les han dado. Pero, para los realmente buenos, eso es solo una base”, lo definió el escocés.

Las razones de su muerte nunca quedaron claras. Niki Lauda, quien entonces corría en BRM, se lo atribuyó a un error de manejo de Cevert por una velocidad excesiva. Otros responsabilizaron a las barreras de contención, un elemento de seguridad endeble que al año siguiente se cobró la vida del austríaco Helmut Koinigg, quien murió decapitado en el mismo circuito.

Francois Cevert. El accidente ocurrió el sábado 6, el número del auto era el 6, el chasis era el 006 y el motor era el 066. Foto: AFP

Poco después, Francois Cevert fue elegido el “Champion des champions” (el atleta del año ) por el diario deportivo francés L’Equipe, mientras que su exnovia, Nanou, publicó el libro “Un contrato con la muerte”, donde dio detalles de su relación con el piloto y de las visiones.

A través de ella, Huguette Cevert, la mamá de Francois, tuvo acceso a la vidente y fue a verla con una foto de su hijo de cuando tenía 12 años. “Hábleme de él”, le pidió. “Veo mucho éxito, muchas cosas, será fantástico, lo conocerá todo el país”, le relató hasta que enmudeció. Y está muerto”, concluyó.

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