La encrucijada de Sergio Berni: el apoyo de Axel Kicillof, un impasse con Cristina Kirchner y la metáfora con “El juego del Calamar”

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“Me voy a deslomar para dar vuelta la elección por Axel, es un tipo que labura y se merece que pongamos todo“. Hasta que asumió en diciembre de 2019, Sergio Berni no tenía relación con Kicillof. Su desembarco en el Ministerio de Seguridad bonaerense fue por orden directa de Cristina Kirchner, pero en los dos años de gestión tejió un vínculo especial con el que reconoce como su segundo jefe. Curiosidades de la política, en un momento en el que su vínculo con la vicepresidenta luce distante, el gobernador es hoy su principal sostén y el motivo por el que (todavía) no pegó un portazo del Frente de Todos, luego de la discusión con Máximo Kirchner y los embates mutuos con Alberto Fernández.

Pero la continuidad de Berni en el oficialismo se terminará de resolver el 20 de noviembre, seis días después de las Legislativas. Es la fecha que eligió, simbólicamente, con su agrupación La 20 de Noviembre, para debatir internamente si mantienen la unidad o, por el contrario, cumple con la promesa que, tal como publicó el periodista Mariano Roa en Clarín, hizo de dejar su cargo de ministro y el FDT porque es un “cachivache”.

Esa consideración no cambió, a pesar de los esfuerzos que tras esa información hizo con Kicillof de mostrarse en público para intentar dejar en claro que hasta las elecciones generales no romperá. Más: las diferencias se acentuaron con el reciente rebrote del conflicto en la Policía Bonaerense, apagado con el anuncio de un nuevo aumento de las horas Cores de los efectivos, al que el ministro incluye en una larga lista de “operaciones” en su contra. Ya no sólo desde el entorno de Alberto Fernández sino con el aval de Máximo Kirchner.

Es que al frente abierto con el Presidente, a quien desafió en forma constante con críticas dignas de un opositor hacia su ahora ex par en Seguridad Sabina Frederic, Berni le sumó desde las PASO una dura pelea con el jefe de La Cámpora porque le bajó decenas de listas distritales en territorio bonaerense. Esta puja, que no llegó a incluir una agresión física pero sí insultos, fue aprovechada por quienes nunca lo quisieron pero no se animaban a alzar la voz por tratarse de un protegido de Cristina Kirchner, a pesar de los problemas de inseguridad.

Sabina Frederic y Sergio Berni nunca pudieron ponerse de acuerdo. La ministra albertista fue echada tras las PASO.

El desembarco del lomense Martín Insaurralde, un ariete de Máximo, como jefe de Gabinete de Kicillof terminó por tensar las cosas. Con su antecesor, el hoy jefe de asesores Carlos Bianco, el vínculo era óptimo y trascendía lo político. Tanto que este, en medio de la tensión latente entre el gobernador y el líder de La Cámpora, volvió a defender la gestión del ministro.

Con todo, días atrás, el ministro se enteró de una reunión en Ezeiza, en la que confluyeron varios del grupo de intendentes más críticos a su gestión, un encumbrado funcionario provincial y un pope camporista, con el objetivo de trazar una estrategia para desplazarlo de su cargo. Uno de los presentes increíblemente le contó y juró que nada tenía que ver con la movida. Berni se aseguró de que Kicillof supiera del cónclave y volvió a repetir que su renuncia estaba a disposición, “como desde el primer día”, encolumnándose detrás suyo y, al mismo tiempo, prestándose como fusible a sabiendas de que el vínculo entre el gobernador y Máximo K luce desgastado. “¿Quién quiere agarrar el lugar del Loco ahora, con este quilombo? El año pasado era diferente”, razona un dirigente bonaerense con responsabilidades de gestión, que dice no ubicarse de ningún lado en esta interna.

Y cita como ejemplo que hasta el propio intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, uno de los que se mencionaba como posible sucesor de Berni, se anticipó a bajarse de la sucesión y dijo que no hay “ninguna posibilidad” de que regrese al Ministerio que comandó durante la administración de Daniel Scioli.

En efecto, hasta después de las Legislativas no habrá novedades. Berni arengó a los suyos “a trabajar más que nunca para dar vuelta la elección”, mientras que en el Frente de Todos coinciden que hasta que pase la contienda, nadie irá a pedir su cabeza a Kicillof. 

“Está 90 a 10 por ciento”, dicen cerca de Berni al referirse a las chances de que pegue el portazo después de esa fecha. Igual la continuidad del ministro depende exclusivamente de Cristina, a quien reconoce como su jefa política y la líder indiscutida del espacio. “Es la única que puede cambiar las cosas”, dicen cerca suyo. Los une, al cabo, una relación de confianza de más de 33 años.

Berni añora ese liderazgo plasmado en la gestión. “Sergio -aporta un colaborador suyo- dice que parecemos como la serie ‘El Juego del Calamar’, que no nos dimos cuenta y nos metieron a luchar por sobrevivir a gente que nada tiene que ver entre sí”. Y pregunta: “¿Qué tiene que ver él con alguien de izquierda o con alguien que un día dice que Cristina tiene que ir presa y dos años más tarde se arrastra por un cargo? ¿Qué tiene que ver (Juan) Grabois y su gente que no cree en la propiedad privada?”. 

El Juego del Calamar, una serie que es furor en Netflix.

Esta inquietud, juran en su entorno, fue trasladada por el ministro a la vicepresidenta, no con el objetivo de que haya un descarte de figuras del FDT sino para que el orden baje desde la cúpula. “El problema es que hay contradicciones arriba”, es el diagnóstico que genera el “cachivache” del que llegó a hablar. 

En efecto, en una entrevista con el programa “Intratables”, Berni admitió que la última vez que habló con la vicepresidenta, discutieron. El ministro suele decir, con sentido de pertenencia, que cada vez que va a verla, llega con sus ideas y vuelve “con las de ella”. La última vez que se encontraron parece que no fue tan así: ocurrió después de las PASO y antes de la carta abierta de la vice que incluyó críticas a Fernández tan duras como parecidas a las del ministro y que puso en jaque a la coalición de Gobierno. 

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