La vida deportiva de Alex Quiñónez tuvo brillo propio, pero su crimen terminó con todos los sueños

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La tragedia fue el signo de Alex Leonardo Quiñónez en los últimos tiempos y en la noche de este viernes 22 de octubre, alcanzó su punto más terrible con su asesinato en Guayaquil. Así, con apenas 32 años, terminó la vida del mejor velocista de la historia ecuatoriana –uno de los mejores sudamericanos- y de uno de los más calificados atletas de su país. Ecuador había alcanzado niveles mundiales en el atletismo a través de la marcha con el campeón olímpico de Atlanta 96, Jefferson Pérez, y sus sucesores, y también había impresionado su evolución en pruebas de fondo con Rolando Vera y Byron Piedra entre otros. Pero a partir de las gestas de Quiñónez también comenzó a brillar en el sprint. Y el joven surgido de la localidad Esmeraldas no solo alcanzó una final olímpica en los Juegos de Londres (2012) sobre 200 metros llanos, sino que siete años más tarde, y tras superar un parcial retiro y unas cuantas vicisitudes, llegó a la final del Campeonato Mundial en Doha, donde se llevó la medalla de bronce en formidable actuación.

El crimen de Quiñónez ha causado conmoción en Ecuador y el presidente Guillermo Lasso escribió hace momentos: “Sentimos mucho la dolorosa pérdida de Álex Quiñónez, padre, hijo, un gran velocista que marcó el deporte. Nuestras más sinceras condolencias a sus seres queridos. Que en paz descanse…”. El mandatario, quien estuvo el viernes en Guayaquil dando respaldo a militares y cumpliendo una reunión de seguridad, sostuvo que actuarán con contundencia ante este hecho. “Quienes arrebatan la vida de los ecuatorianos no quedarán impunes. Actuaremos con contundencia”, fue la frase que posteó junto a sus expresiones de condolencias.

Una primera verificación realizada por la policía del distrito Nueva Prosperina indica que el velocista estaba conversando cuando fue asesinado en el sector Colinas de la Florida, en el noroeste de Guayaquil. Junto a Quiñónez fue asesinada otra persona que fue identificada como Christopher Arcalla Ramírez.

Quiñónez, en 2019, en Doha. (AFP)

Roberto Ibáñez, presidente de la Federación Deportiva Provincial del Guayas (Fedeguayas), fue uno de los primeros en confirmar públicamente el asesinato de Quiñónez. “Mi corazón está totalmente destrozado, no encuentro palabras para describir el vacío que siento. No puedo creerlo hasta cuando vamos a seguir viviendo tanta maldad e inseguridad. Descansa en paz querido Alex te voy a extrañar toda la vida”, publicó Ibáñez en su cuenta de Twitter. El Ministerio de Deporte de Ecuador también se refirió al suceso. “Hoy perdimos a un gran deportista, a una persona que nos hizo soñar, que nos hizo emocionar”, publicó esta cartera de Estado.

La pandemia frenó el ascenso de todos los atletas hacia los Juegos de Tokio 2020 pero al volver a colocarse los Juegos en el horizonte –hacia agosto de 2021- Quiñónez estaba en la lista de candidatos en 200 metros llanos. Sin embargo, su ausencia en tres citaciones para los controles antidopaje derivaron en una sanción por un año que le aplicó el Unidad Integral del Atletismo y le impidió competir en la capital japonesa. Nunca imaginó que aquella sería la última oportunidad… “A todo Ecuador quiero pedirle disculpas por todo lo que está pasando, no sé ni cómo explicarlo, cómo decirlo”, escribió. Según señaló, el problema fue derivado “de un error involuntario y fortuito en la actualización de los datos de ubicación subidos a la plataforma Adams por parte de la persona en la quien delegué esa tarea”.

Nacido el 19 de agosto de 1989 en la localidad de Esmeraldas, y radicado en su juventud en Quito para su progresión atlética, a principios de la pasada década comenzó a incursionar entre los principales velocistas del área. Fue la revelación del Campeonato Iberoamericano de Barquisimeto (2012) cuando concretó el doblete de 100 y 200 metros, un anticipo de su sorpresiva final olímpica de los 200 en los Juegos de Londres, en plena era del sprint dominado por el jamaiquino Usain Bolt. Allí Quiñónez alcanzó el 7° puesto con 20s.57. En aquellos tiempos era conducido técnicamente por la cubana Yosvaina Molina.

Y aunque en la temporada siguiente también se afirmó con nuevos triunfos (doblete en el Campeonato Sudamericano de Cartagena y en los Bolivarianos de Trujillo), poco después decidió alejarse del atletismo.

“Tuve muchos problemas personales. Eso quedó atrás. Estoy escribiendo ahora una nueva historia. Hay que seguir trabajando. Fueron problemas con mucha gente, también problemas míos, que hicieron que me retirara. Pero luego regresé, ayudado por mis compañeras. Gracias a Dios todo está saliendo bien”, dijo Quiñónez en una entrevista previa a su participación mundialista en Doha al recordar aquellos momentos. Durante su semiretiro, comenzó a trabajar con un tío en los arreglos de motos y fue fundamental el apoyo de su mujer Jennifer, en la atención de ambos a su hija Alexia.

Alex Quiñónez. (AFP)

Quiñónez , impulsado por otra velocista del plantel nacional ecuatoriano como Angela Tenorio, volvió a la actividad y se integró al equipo que prepara el cubano Nelson Gutiérrez. Este cuenta, entre otros, con el gran atleta colombiano Anthony Zambrano, subcampeón mundial y olímpico de los 400 metros llanos.

Y así, en 2017, Quiñónez retuvo los títulos de los Juegos Bolivarianos en Santa Marta (Colombia) y en la temporada siguiente se ubicó entre los mejores del circuito mundial de los 200 metros. En esa temporada del 2018 se lució durante los Juegos Odesur de Cochabamba. Sobre 100 metros, escoltando al panameño Alonso Edward, marcó 10s.09 que igualaban su plusmarca nacional y luego logró los 200 con 19s.93, bajando por primera vez los 20 segundos. Al foguearse en las competencias del circuito –estableció su récord de 19s.87 en el meeting Athletissima, en Lausana- logró la confianza suficiente para el Campeonato Mundial en Doha y sus 19s.95 de las semifinales lo instalaron entre los favoritos. Terminó tercero en la definición, sólo superado por el entonces número 1 del mundo, el estadounidense Noah Lyles (tenía 19.50 desde Lausana) y por el canadiense Andre DeGrasse, el mismo que se ha consagrado campeón olímpico en Tokio.

Quiñónez fue así el tercer velocista sudamericano en alcanzar el podio mundialista de los 200 metros, después del brasileño Claudinei Quirino da Silva (3° en 1997, 2° en 1999) y del panameño Alonso Edward (subcampeón en Berlin 2009, escoltando a Usain Bolt en su carrera el récord mundial).

Jennifer Lugo, la viuda de Alex Quiñónez, este sábado, en la morgue de Guayaquil. (AFP)

Pero poco antes, Quiñónez le había aportado otro sensacional triunfo al atletismo ecuatoriano, la medalla dorada de los 200 llanos en los Juegos Panamericanos en Lima, con 20s.27.

La actuación en Doha lo elevó en la consideración para Tokio. “Yo decía que cuando llegué a Londres no conocía a nadie y eso era como salir a correr sin saber nada, y a ello se sumaba la presión. Ahora es mejor porque tengo más fogueo y ya los conozco a todos los rivales, he competido con ellos. Los nervios siempre van a estar, pero no por miedo a ellos. No le tengo miedo a nadie. El miedo que tengo es a mí mismo; de no hacer bien las cosas, de no salir bien del partidero, de hacer una partida falsa. Me cuido mucho y por eso a veces salgo lento para no hacerlo en falsa y que me descalifiquen. Cuando estoy en la partida no miro a los rivales sino que solo me enfoco en la salida y en la llegada”, comentó durante una ronda de prensa en su país a principios de 2020.

Pero la pandemia primero, la suspensión después y el crimen ahora, terminaron con todos sus sueños olímpicos.

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