Alvarez apuesta a la salud con un nuevo espacio para tratar el alcoholismo

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El cartel que anuncia día y hora de reuniones.

La iniciativa cuenta con el “padrinazgo” del Área Provincia de Santa Fe, que nuclea a grupos de distintos puntos de la bota en lo que llaman un sistema de “pirámide invertida”: la autoridad real está en los grupos, las superestructuras son subordinadas.

Gente dispuesta

Ahora bien, ¿por qué Álvarez? ¿Acaso se presume que en esta localidad hay más alcohólicos que en otras? Definitivamente no. La problemática alcanza por igual a todos las comunidades en distintas geografías. Para este pueblo de unos 7 mil habitantes no tiene que representar un estigma.

Ocurre que allí, según cuenta una fuente de la misma institución, hay personas que vienen teniendo una excelente recuperación en grupos de Rosario, que quieren llevar “el mensaje” a su lugar de residencia. Y además, por sobre todo, una comuna que estuvo dispuesta a abrirles las puertas y ofrecerles la infraestructura, servicios y logística que necesitaban para funcionar.

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El presidente comunal De Genaro y su equipo apoyaron la iniciativa y cedieron el espacio.

“Cuando uno de los vecinos me comentó sobre esta propuesta, me pareció de suma importancia para la localidad y los alrededores, y automáticamente, luego de hablar con el equipo de gobierno, le dimos el visto bueno“, recuerda Joel De Genaro, el joven presidente comunal de Álvarez.

Mutua experiencia

Como ellos mismos lo dicen, Alcohólicos Anónimos es “una comunidad de personas que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse” del alcoholismo, al que definen como “una enfermedad crónica, progresiva y mortal, que no se cura pero se detiene“. Para esto, cuentan con un programa de 12 pasos, 12 tradiciones y 12 conceptos que les son útiles a la hora de abordar una problemática de la que no escapan lo físico, lo psíquico, lo emocional y lo espiritual. Los AA no polemizan con la ciencia, la religión, ni mucho menos con la política. “El único requisito para ser miembro es el deseo de dejar la bebida“, aseguran.

Para ser miembro de la comunidad no se pagan derechos de admisión ni cuotas, “nos mantenemos con nuestras propias contribuciones”, aclaran desde la institución. Y no entran en controversias: “Nuestro objetivo primordial es mantenernos sobrios y ayudar a otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad“, advierten. Quizás por eso, esta entidad internacional que tiene oficinas en más de 170 países del mundo haya podido sobrevivir durante 86 años.

Los AA le dan una importancia primordial al anonimato. Lo consideran “la base espiritual” de sus tradiciones, y les recuerda siempre “anteponer los principios a las personalidades”, según se lee en su propia literatura. “Algunas personas no quieren exponerse al estigma que se atribuye al alcoholismo, entendemos su situación pues también nosotros la menos atravesado, trataremos de ayudarlas y les ofrecemos el privado refugio del anonimato”: una frase tranquilizante y contenedora para quien tenga dudas acerca de participar.

En pandemia

Desde el inicio de la pandemia del coronavirus se viene hablando mucho de cambios en las costumbres, hábitos y pautas de consumo. Se sabe que el alcohol ha sido uno de los tan grandes como ficticios, y a la postre autodestructivos, “cables a tierra” en medio del aislamiento. Se calcula que en Rosario y su zona de influencia se triplicó, tal como ocurrió en el Amba, el número de personas que ingieren bebidas alcohólicas todos los días.

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El consumo de alcohol se incrementó durante la pandemia.

“En tiempos de pandemia, hay un notorio aumento del consumo de alcohol, que también dejó reflejado otro tipo de problemas que se han ido identificado con el correr de los meses. Uno de ellos es, lamentablemente, la violencia de género o maltrato infantil. En este aspecto, desde el Área Social de la comuna se hace también el esfuerzo por abordar el tema de manera profesional para contener a estas personas que pasan por alguna situación traumática”, razona el jefe comunal.

Y esto se suma a un fenómeno ya estudiado. Tal cual lo publicó La Capital oportunamente, el 5 por ciento de la población argentina (poco menos de 3 millones de personas) transita entre los niveles de abuso y dependencia, y la franja etaria con mayor vulnerabilidad está entre los 25 y 35 años. Luego, le sigue la adolescencia y juventud (entre los 14 y 25 años). Además, de cada 22 víctimas en accidentes de tránsito que se registran a diario en la Argentina, nueve ingirieron alcohol y drogas.

De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el consumo de alcohol provocó más de 300 mil muertes en la región objeto de estudio; es decir, aproximadamente una cada 100 segundos. Por su parte, se estima que en la Argentina más de 8 mil personas mueren cada año por enfermedades vinculadas al consumo problemático de alcohol.

De Genaro tiene muy claro que “cuando se articula directamente entre el vecino y el Estado comunal, los resultados son positivos, y es positivo que Alcohólicos Anónimos esté presente para ayudar a quien lo necesita“.

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Los AA comparten experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común (foto ilustrativa)

Como se dijo, esta no es cuestión de las grandes ciudades, ni de segmentos culturales y económicos mejor o peor posicionados. Como enfermedad, le toca a cualquiera. Por eso, una localidad se puso al hombro esta inmensa tarea de generar un espacio para la ayuda mutua, la resolución de los problemas individuales a partir de un enfoque colectivo, consistente en compartir “experiencia, fortaleza y esperanza” para resolver un problema común. Ellos lo plantean por 24 horas de alcohol cero, no quieren, ni mucho menos exigen, una promesa para toda la vida. Pero saben que esas 24 horas se van sumando y comienzan a acumular “historia sin alcohol“, fundamental para una recuperación y para alcanzar el “verdadero estado de sobriedad”. No es casual, y así lo dicen, que haya alcohólicos anónimos que llevan ya 40 años sin beber, y siguen asistiendo a sus grupos, porque les han dado una enseñanza de vida.