Fallo histórico: por qué fue sobreseída la mujer que junto a su hija mató al marido de 185 puñaladas

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“No te duermas porque los mato a todos”, le dijo Alberto, su marido. Se lo repitió varias veces. Estaba enojado. Ese viernes era el Día de la Mujer. Mili, la hija mayor, quiso ir a la marcha en Plaza de Mayo, pero él no la había dejado. Y a ella la había arrastrado hasta la ruta para que se prostituyera. Hacía años que la llevaba. Siempre la maltrataba, a ella y a sus cuatro hijos, pero esa noche la amenaza sonó como nunca. Entonces lo mató. Le clavó 185 puñaladas con dos cuchillos. Mili tuvo que ayudarla porque Alberto tenía mucha fuerza y era muy grandote. La Justicia las sobreseyó a las dos.

“La muerte de Alberto Elvio Naiaretti a manos de su esposa, Paola Elvira Córdoba, e hija, Paula Milagros Naiaretti, ha sido el desenlace fatal y no deseado por nadie en su sano juicio, de una larga historia de vejaciones a la dignidad de las aquí imputadas y consecuente vulneración constante del legítimo ejercicio de sus derechos”, escribió en el fallo el juez Javier Agustín Mariani, de la Cámara Penal de Apelaciones de San Martín. 

“Paola Córdoba actuó en legítima defensa de su vida, y no puedo en el punto dejar de mencionar el indiferente papel que el Estado ha tenido en el devenir de todos los sucesos que culminaran en aquél del 9/03/2019″, agregó.

Paola Cordoba y su hija Milagros, victimas de violencia de género durante años. Foto: Lucía Merle

Estado ausente

Paola se fue a vivir con Alberto cuando ella tenía 15 años y él 22. Eran vecinos de José C. Paz. Ella no pudo terminar la primaria, él enseguida empezó a golpearla. Le pegaba por cualquier cosa. La obligaba a cocinar y criticaba sus comidas. No le dejaba usar cierta ropa y le decía que era horrible. La sacaba al patio desnuda y le tiraba agua helada, lo que le provocó vivir con una suerte de neumonía crónica. No le dejaba tener dinero ni usar celular.

Con sus niños fue igual de violento. Los criticaba por todo, los burlaba, les pegaba. Los chicos le tenían terror. Se protegían de él, se hacían pis encima. Mili se quiso suicidar después de que Alberto la ahorcara con un cable. A ella también le tiraba agua helada en el patio, incluso en invierto.

Paola lo denunció siete veces. Le costaba mucho ir a denunciarlo, él la vigilaba todo el tiempo y ella a veces no tenía ni la SUBE cargada. Algunas veces tuvo que ir caminando, un día hasta descalza fue. Tanto si era una comisaría o un juzgado, siempre la mandaban de vuelta. Cuando logró una medida de prohibición de acercamiento, Alberto la violó sin ninguna consecuencia. Las denuncias lo enojaban y se ponía peor.

“El mismo Ministerio Público Fiscal que hoy pretende colocar a Córdoba en un juicio oral, es aquel que archivó en al menos cinco (5) oportunidades, las investigaciones generadas en las denuncias que la mujer incoara contra su pareja por conductas violentas, datando la primera de ellas del 28/12/2003, oportunidad en la que Córdoba ya había referido que desde el comienzo de la relación tuvo que soportar todo tipo de agresiones, siendo que no lo había denunciado antes por miedo; y tampoco ha derivado la intervención de otros organismos oficiales, en alguna respuesta que resguarde la integridad de la aquí justiciable y sus hijos, por el contrario, estos han continuado siendo afectados por Naiaretti e incluso con mayor crudeza al tomar conocimiento de que alguno de sus actos violentos llegaba a saberse por terceros ajenos a la familia y por alguna institución”, escribió el juez en su fallo.

Frente a la citada indiferencia por parte de las agencias estatales, no puede desconocerse la existencia de una herramienta jurídica cuya esencia misma se vincula con la tolerancia que el Estado adopta frente a una conducta que precisamente se produjo por su incapacidad de proteger al individuo que fue agredido en primer lugar y es esa indiferencia la que lo legitima a defenderse ubicando su accionar dentro del derecho y no en la ilicitud“, agregó el juez.

El magistrado alude a la labor de la fiscal Silvia Mónica Sisney Bazzano Gonzalez, quien no sólo archivó las denuncias de Paola sino que fue quien pidió la inmediata detención de las dos tras el asesinato, se opuso a que las liberaran, apeló la excarcelación y pidió elevar la causa a juicio: las quería presas. “El historial de agresiones de todo tipo por parte de su pareja… , que la fiscalía pretenda minimizar en sus escritos, sostuvo el juez. 

“La calificación adecuada al caso, que encuadra jurídicamente a la conducta desplegada por Paola Elvira Córdoba y Paula Milagros Naiaretti, debe calificarse como Homicidio agravado por el vínculo y por ensañamiento, del que deberán responder a título de coautoras materiales”, había pedido la fiscal. Su requerimiento fue rechazado, como todas sus apelaciones.

Dos semanas después de la detención de Paola y Mili, los defensores oficiales Andrés López y Javier Chirinos pidieron que sean excarceladas por la “situación de violencia de género histórica”. El juez Alberto Brizuela –del Juzgado de Garantías N°4 de San Martín– aceptó. La fiscal González Bazzani apeló.

Los jueces de la Cámara de Apelaciones de San Martín concedieron por unanimidad la excarcelación extraordinaria: “Ha quedado evidenciado que no solo la imputada Córdoba se encontraba sometida a una sistemática violencia de toda índole por parte de su esposo sino que todo el grupo familiar padecía la irascibilidad de la víctima“.

Paola Córdoba y su hija marchando con las mujeres.

“Extrema y brutal violencia de género”

“Se han tenido por probados y no discutidos los numerosos hechos de violencia padecidos por mas de veinte años por Paola Elvira Córdoba por parte de su pareja y hoy víctima, Alberto Elvio Naiaretti, que permiten encuadrar el suceso que aquí se ha investigado como enmarcado en un irrefutable marco de extrema y brutal violencia de género e intrafamiliar”, sostiene ahora el juez al confirmar el sobreseimiento definitivo.

Y describe: “La agresión física con el empleo de una hidrolavadora en pleno invierno contra Córdoba, a la par que Naiaretti le aplicaba golpes de puño y patadas (…) Los constantes improperios e imprecaciones tales como “puta de mierda”, “mala madre”, “sin cerebro”, “poca cosa”, “horrible”; la negación de la paternidad de los hijos que tenían en común; la prohibición de emplear un aparato de telefonía celular que fuera propio; el aislamiento de los seres queridos (familiares y amistades); la obligación a ejercer la prostitución contra su voluntad, mientras era observada y controlada por Naiaretti. las amenazas de atentar contra la integridad de sus hijos y otros familiares y las agresiones físicas y verbales sufridas por los menores y presenciadas por Córdoba, entre las que cabe apuntar el haber envuelto el cuello de Paula Naiaretti con un cable de plancha para el pelo simulando ahorcarla, siendo que cuando dicho suceso llegó a conocimiento de terceros, Alberto Naiaretti tomó a golpes a su hija mediante cintazos y patadas para culminar arrojándole baldes de agua fría en el exterior, también en época de bajas temperaturas, el arrojarle comida y afirmarle que debía “agradecer” que no la violara; los golpes y amenazas a (otra de las hijas) a fin de que aprobara materias en el colegio; golpes e insultos al menor de los hijos, con el objeto que aprenda a escribir y agresiones físicas a (otra de las hijas), a quien levantó en el aire de los cabellos a fin de propinarle golpes por varios minutos, hasta conseguir que la niña se orinara por lo sufrido“.

El juez habla de agresión física, verbal, psicológica, sexual, económica y simbólica, “que en modo alguno pueden soslayarse y obligan a todo aquél que se aproxime a evaluar el caso a encuadrarlo indudablemente en el contexto de violencia de género”.

“Paola Córdoba se defendió de todas las violencias posibles y está libre tras 20 años de torturas, de buscar ayuda y que nadie la ayudara. Se hizo justicia. Algo empieza a reformarse en la Justicia Argentina”, dice a Clarín Andrés López, uno de los defensores oficiales de Paola y su hija. junto al otro defensor, Javier Chirinos, desde un comienzo plantearon las situaciones de violencia vividas y la falta de perspectiva de género en el tratamiento de la causa.

“Paola Cordoba se defendió y defendió la vida de sus hijes de las peores violencias históricas que pueden padecer las mujeres, las niñas y los niños. Ahora comienza una vida nueva para ella y sus hijes”, dicen.

“El fallo es ejemplar. Confirmó el sobreseimiento pero además hizo lugar a la legítima defensa que planteamos nosotros desde un primer momento y le dio un palo a la Justicia, al Estado en general -agrega López-. Los mismos que quieren tenerla en un juicio fueron los que archivaron las causas, dice, Esa frase es terrible”. 

Ellas no están bien, siguen haciendo terapia, necesitan mucho apoyo emocional. Mili quiere estudiar, quiere ser psicóloga. Los tres más pequeños van a la escuela. Paola por ahora sólo agradece y pide que por favor escuchen a las mujeres. 

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