El Festival de Malambo de Laborde tiene un nuevo campeón: un ritual que une destreza, pasión y tradición

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Cuando el domingo 16 de enero había recién amanecido, el Festival de Malambo de Laborde proclamó un nuevo campeón de esta danza criolla, individual y masculina en su origen. Se trata de Sergio Zalazar, sanjuanino, que en enero de 2020 ya había sido consagrado subcampeón.

Como bien saben los que siguen esta sección desde hace años, el Festival de Laborde –un pueblo pequeño en el sur de la provincia de Córdoba- es uno de los encuentros folclóricos más importantes del país.

No sólo por la alta calidad de los artistas que allí se presentan, sino porque a lo largo de más de cinco décadas se ha mantenido fiel a las formas tradicionales de las danzas folclóricas argentinas con toda su riqueza y variedad.

Seguramente se sabe también que, aunque contiene otros rubros como parejas y conjuntos de baile, el corazón del encuentro, su núcleo más importante, es el malambo.

El Festival Nacional de Malambo 2022, en Laborde, tuvo como campeón al sanjuanino Sergio Zalazar. Foto Gentileza Festival

El mejor entre los mejores

En cada edición se elige al mejor malambista entre los que se presentan en Laborde, que son aquellos que ganaron en las competencias preselectivas de sus lugares de origen, y siempre a razón de uno por cada provincia del país.

Este año, el premio mayor fue otorgado por segunda vez a un malambista originario de San Juan, contando todo el recorrido de este festival que lleva ya cincuenta y cuatro años de historia. Mayormente, el primer puesto fue obtenido por tucumanos y santiagueños, aunque de a poco otras provincias van alcanzando ese lugar de honor tan apreciado por todo bailarín folclórico.

Sergio Zalazar vive en una ciudad cercana a la capital de la provincia. Tiene 31 años y dos trabajos no relacionados con su pasión malambista: docente de tecnología en un colegio y administrativo en la Facultad de Filosofía de la Universidad de San Juan. Su tiempo entonces se divide por mitades entre las tareas de las que vive y la dedicación intensa que exige la preparación de un malambista.

Destreza y elegancia, dos premisas que rigen la estética del malambo. Foto Gentileza Festival

Hace danzas folclóricas desde pequeño. La maestra era su madrina y el asistente, su propio hermano mayor. Al principio sólo miraba las clases, pero con tanta concentración que cuando empezó ya las sabía. Poco después, a los ocho años, se presentó en el Festival de Laborde en la categoría de malambo infantil y ganó el primer lugar.

Y como los ganadores en las distintas categorías iban subiendo al escenario a recibir su premio, el pequeño Sergio quedó cerca del campeón nacional de esa edición, el santafesino Pablo Lemos, y se sintió deslumbrado por todo lo que estaba viendo. Desde entonces regresa regularmente a Laborde a concursar en distintas categorías con el objetivo de ser campeón nacional.

Sus preparadores en los últimos años son Sergio González (el primero y hasta ayer único campeón por San Juan) y Juan Manuel Peletier, que además son sus músicos y lo acompañan con el bombo y la guitarra.

Cosquín y Laborde: no tan distintos ni tan iguales

-¿Cuál es la principal diferencia entre el Pre Cosquín y Laborde?

-Hay y no hay diferencias. Los reglamentos son distintos en algunos aspectos, como por ejemplo en cuántos instrumentos acompañan la “rutina” (Nota: es la coreografía completa) o su duración. Pero depende de cada participante qué propuesta lleva a la competencia.

Se dice que Laborde es fiel a la tradición y que en Cosquín ganan las formas más “show”. Pero en cada caso depende de los criterios del jurado, que de pronto en Cosquín puede interesarse por una forma más tradicional y en Laborde inclinarse por algo más evolucionado, por así llamarlo.

Todas las danzas, para sobrevivir, necesitan una cierta evolución aunque sin dejar de conservar esos aspectos más “al piso”, con todo ese repiqueteo y esas rítmicas del malambo original.

Cada año, el festival convoca en Laborde a una multitud en torno a uno de los géneros tradicionales del folclore argentino. Foto Gentileza Festival

Una preparación integral

-¿Cómo te preparaste para esta edición considerando que en 2021 se suspendió Laborde?

-Al quedar subcampeón en 2020 mi ambición quedó por las nubes. Pero en agosto nos enteramos de que Laborde no se hacía y aproveché entonces para recuperarme de algunas lesiones que tenía. Y también para tener un apoyo psicológico que hice por zoom con una psicóloga y bailarina de Buenos Aires. Hay que estar preparado mental y emocionalmente para una prueba tan importante como es bailar en Laborde.

Vale la pena aclarar este punto: como no ocurre en ninguna otra categoría, los aspirantes al premio mayor tienen que poder mostrar sus habilidades tanto en el estilo que les corresponde por zona geográfica, que en el caso de Sergio Zalazar es el norteño, como en el otro estilo, que aquí es el sureño.

-¿Cómo definiste tus personajes para uno y otro estilo?

-Para mi personaje en el malambo sureño elegí un vestuario bien campero, no de estanciero sino más bien de capataz de campo de la época (Nota: el malambo sureño es el estilo más antiguo): botas de potro, el calzoncillo cribado, camisa, chaqueta y un poncho marrón, el color de los ponchos de mi provincia.

-¿Y para el norteño?

-En cuanto al vestuario, sabemos que es muy parecido siempre: bota fuerte, bombacha de gaucho, chaqueta, camisa, rastra, sombrero. No hay mucho para variar en el vestuario, como sí ocurre en el sureño. Y para el personaje fui yo mismo, con lo que siento y fui siempre como malambista.

Pero tratamos con mis preparadores de buscar fuentes de inspiración: el viento zonda de mi provincia, tan cálido e intenso. O esos terremotos que bien conocemos aquí. No para representarlos con el movimiento, por supuesto, sino para inspirarnos en ellos y poder conmover al espectador con esa fuerza.

E.S.

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