La apuesta de Horacio Rodríguez Larreta, el empuje de Patricia Bullrich y el desafío de la UCR

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La situación es incómoda y genera rechazo. Es lógico que para una sociedad inmersa en una crisis económica suene hasta insultante hablar de las elecciones 2023. Pero esa percepción convive con otra realidad: salvo para un mandatario en actividad, un candidato presidencial no se construye en tres meses por los medios y las redes. Más aún, si habrá internas en Juntos por el Cambio pero también en el peronismo, con varios postulantes a la Casa Rosada cuyos nombres en un año serán bombardeados por las encuestas y que para llegar bien a esa instancia, necesitan construir desde ahora.

En la oposición, quienes parecen haber arrancado con paso firme son Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich.

El jefe de gobierno porteño comenzó la partida con una jugada en espejo de la que hizo cuando impuso sus candidatos en la última elección legislativa: apostar a Diego Santilli como su armador nacional en 2022 y transformarlo el año próximo en su candidato a gobernador bonaerense.

Lo que quedó delineado es una mesa inicial con Santilli en la cabecera junto con el núcleo larretista, Alvaro González, Eduardo Macchiavelli, Fernando Straface, Federico di Benedetto, Mauricio Coello y Bruno Screnci Silva. El objetivo es hacerla federal y ampliarla. Esta etapa será para detectar a cada referente del PRO en las provincias y principales ciudades.

Pero los movimientos de Larreta no transitan sin efectos colaterales. Ese ataque ajedrecístico dejó expuesta a la dama: María Eugenia Vidal, quedó hoy afuera de la carrera presidencial, una aspiración latente hasta mediados del año pasado. La diputada debió afrontar el traslado de la provincia a la Ciudad, lo que deterioró su imagen. Y ahora quedó muy golpeada políticamente por el video de su ex funcionario Marcelo Villegas hablando de la “Gestapo” y de vínculos judiciales. Lo grave es que nadie duda puertas adentro del PRO, que alguien de los propios colocó adrede las cámaras con fines extorsivos.

Con Vidal afuera, el principal damnificado es Cristian Ritondo, que siempre pretendió ocupar la gobernación. En una de las tantas conversaciones virtuales Ritondo le deslizó a Larreta que mantiene su aspiración y la respuesta, casi al pasar, fue que no había problema, pero que el candidato del jefe de gobierno es Santilli.

Elecciones Legislativas 2021. Cristian Ritondo. Foto: Juano Tesone

Ritondo se queda sin referente nacional y, por si fuera poco, cuenta con otra barrera, o muro, Elisa Carrió. Ella no lo quiere para la Jefatura del interbloque y muchos menos para mandar en la Provincia. Desaprueba en particular a dos nombres que los vincula con Ritondo. Uno de ellos es el ex presidente de Boca y operador judicial Daniel Angelici, a quien denunció ante la justicia por operar judicialmente con el consentimiento de Macri. El otro es Marcelo Rocchetti, quien fuera jefe de gabinete de Ritondo en el Ministerio de Seguridad bonaerense. Rocchetti tuvo que renunciar luego de ser acusado por Carrió en 2018 de ser socio de Alfredo “Freddy” Lijo, operador y hermano del juez federal Ariel Lijo, y a quien la líder de la Coalición vinculó con Julio de Vido.

También quedaría al margen de la pelea bonaerense Jorge Macri, flamante incorporación al gabinete porteño. El intendente de Vicente López en uso de la licencia sabe que con Vidal en baja, su apellido puede ser más influyente en la Ciudad para la jefatura de gobierno que en la provincia, donde el ex presidente tiene un importante rechazo en el Conurbano bonaerense.

El larretismo quiere en el armado a Emilio Monzó que integró la lista de Facundo Manes. El neurocientífico nunca lo terminó de convencer para armar un proyecto presidencial con una organización política. Si bien no hay nada cerrado con Larreta, tuvieron varias conversaciones. “Volvieron a tener un vínculo que era distante porque Emilio no estaba de acuerdo con la estrategia de Horacio de imponer a los candidatos”, aseguran cerca del diputado. Hubo algún chispazo cuando Monzó le pidió a Larreta tener el mismo rol de armador primordial que en 2015, cuando trabajó para la candidatura de Macri. El alcalde porteño le dijo que no, que en ese lugar estaría Santilli, pero que lo quiere en su equipo.

Los une coincidencias como la moderación y atraer al peronismo no kirchnerista a un gran frente. Por las dudas, Monzó no archiva su ambición de ser gobernador bonaerense.

Emilio Monzó. Foto: Constanza Niscovolos

Hoy, la principal rival de Larreta es Patricia Bullrich. No gestionar ningún distrito, lo cual supone menos visibilidad, parece no ser ningún impedimento para su estrategia. Además de su permanente raid mediático, Bullrich recurrirá este año a una fórmula para recorrer el país: combinará las principales ciudades y capitales provinciales con zonas productivas. Mañana iniciará una gira por 10 puntos turísticos de la costa –Pinamar, Mar del Plata, Santa Teresita, Villa Gesell- y visitará además localidades agrícolas como General Madariaga y Balcarce.

Ya empezó a delinear un equipo integrado por Gerardo Milman, Waldo Wolff, Laura Rodriguez Machado con una mesa federal dividida por regiones, además de dirigentes que estarán en las distintas actividades y organizarán equipos como Eduardo Amadeo, Federico Pinedo, Javier Iguacel, Paula Bertol y Silvana Giudici. También participará Hernán Lombardi, un hombre que responde al ex presidente. Bullrich estará siempre acompañada por alguna personalidad como Maximiliano Guerra, Santiago Kovadloff, Carlos Kambourian, Florencia Arietto y Daniel Bertoni, entre otros.

“Estamos trabajando en una agenda internacional, tenemos un plan económico y sabemos cuáles son las reformas estructurales”, pero todo eso queda para más adelante, aseguran en el entorno de la Presidenta del PRO. No fue casual la cena que organizó en Uruguay con empresarios de la industria, el campo y laboratorios, para adelantarles cuáles serían los lineamientos de un eventual gobierno suyo.

Bullrich tiene presente que la sintonía con el jefe del radicalismo, Gerardo Morales, puede ser un plus determinante. Por eso la semana pasada se reunió con el gobernador de Jujuy para limar asperezas, luego de diferencias públicas entre ambos por la frustrada reunión del Gobierno con la oposición sobre la negociación con el FMI. Su escenario ideal sería confluir con la UCR en una misma propuesta y listas integradas. Así, podría aprovechar la importante estructura del radicalismo en todo el país.

Gerardo Morales. jefe de la UCR. Foto: Andres D’Elia

El larretismo hace tiempo es consciente de ese peligro, y esa hipótesis sostiene en parte la relación de Rodríguez Larreta con Martín Lousteau, apadrinado políticamente por Enrique Coti Nosiglia. Lousteau pone de manifiesto que la UCR no sólo es un partido sin liderazgos contundentes, sino que podría dividirse si el año próximo tendría que optar en acompañar, por ejemplo, a Larreta o a Bullrich.

“Por lo planteado hasta ahora, el radicalismo va a trabajar en un candidato presidencial. Van a haber varios aspirantes –Morales, Manes, Cornejo- y el que llegue mejor va a ser acompañado por el conjunto”, fórmula un referente de los boinas blancas.

Morales encarna esa pelea interna contra Lousteau y, por carácter transitivo, contra Larreta. Se presenta como presidenciable avalado por la elección legislativa del año pasado en la que aventajó al kirchnerismo por casi 30 puntos. Aunque en el Comité Nacional creen que lo que busca es tener peso para negociar después los lugares de los radicales en las listas y en un eventual gobierno de Juntos por el Cambio. Siempre rechazó el armado unipersonal y cerrado del gobierno de Macri.

Quién es un interrogante es Facundo Manés, un outsider en la política que en pocos meses se instaló para enfrentar al larretismo en primarias y, más allá de la derrota, logró bastante con poco. La visión de Manes es que en el 2023 no va a ser presidente él o el que se “instale” con más de lo mismo, sino quien logre inspirar a los argentinos con un proyecto que encamine la Argentina hacia la modernidad.

Manes ya está trabajando con todos los sectores en un proyecto que una a toda la Argentina, suele replicar. Nadie es capaz de asegurar si aceptará medirse con Morales y algún otro radical con aspiración presidencial, para definir quién representa a la UCR. Claro que si así no fuera, debilitaría aún más al partido ante las otras opciones. “Facundo genera mucho cada vez que visita un lugar del país; lo quieren ver empresarios, académicos, jueces, profesionales. Pero necesita que el radicalismo no esté dividido y acompañe a uno”, sintetizan cerca del neurocientífico.

La carrera se inició y ya no hay vuelta atrás. Todos están en igualdad de condiciones porque lo que cuenta, no es el peso específico de hoy, sino cómo llegarán al final del camino. Nadie ganó una competición presidencial sin competir o con piloto automático. Quien se confía, pierde. Más aún, muchos largaron primeros cómodos y nunca vieron la meta.

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