Regresa Ornella Muti: la italiana que vivió el trauma de ser sexualizada en cine a los 14 y casi muere en un maremoto

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“¿Por qué no se quedó en Hollywood? ¿Por qué? ¿Por qué?”. Desde hace décadas los periodistas la acribillan indignados como si se hubiera perdido de algo. La elegancia de gacela es su mejor arma: “En la vida es importante sentirse amada por un hombre, no por dos millones”.

Ornella Muti, la gran musa del cine italiano de los ’70 y ’80 tuvo sus razones para correrse del epicentro. “No peleé. Me quedé embarazada, preferí seguir mi vida, no mi carrera. Alguien que quiere hacer una carrera en Hollywood no tiene un niño. No era el lugar para mí, vi la otra cara de la moneda. Me he dado cuenta de que era todo más grande que yo en ese momento”, explica una y otra vez, con paciencia. Era una competencia de cuarenta rubias de ojos azules para cubrir un mismo rol. No sé si allí hubiera tenido la serenidad que tengo ahora”.

“La nona erótica” como se retrata ella bromista será una de las presentadoras de San Remo 2022. Primera vez en ese rol, en el Ariston, en 50 años de carrera. El mítico festival de la Canción Italiana tendrá su rostro angelical y su modo anfitrión, junto a otras conductoras. Después de ser la reina en filmes dirigidos por Dino Risi, Damiano Damiani, Mario Monicelli, Marco Ferreri, Ettore Scola, John Landis, Paolo Virzì y Woody Allen, descenderá la fatídica escalera en la cita más importante de la música de su país.

Cuando la cámara se enamoraba de su rostro. Ornella Muti en los setenta (Captura de video)

Cuando un conjunto de olas asesinas casi la aplasta en el océano Índico, no tuvo tiempo de pensar en todas las veces que había sido aplastada fuera del agua. No siempre salió indemne, como en esas vacaciones casi trágicas. Romances tormentosos, acoso sexual cuando esas dos palabras ni estaban consideradas, un embarazo como madre soltera, el dedo señalador de una sociedad prejuiciosa, la acusación de evasión al fisco. A los 66 colecciona vivencias dignas de un libro urgente.

Estaba sumergida en el mar cuando se produjo el  tsunami en Asia, en 2014, y su apellido volvió a las primeras planas del mundo. Buceaba, de vacaciones, en una de las islas del archipiélago de las Maldivas, pero una extraña sensación empezó a preocuparla. Escapó de la muerte gracias a la rápida reacción de su pareja. 

Al regreso a su hospedaje, el pequeño muelle desde el cual había partido estaba destruido y las casas del pueblito habían desaparecido por la violencia de las olas. “Stefan, mi compañero, reaccionó en forma extraordinaria. Me agarró del brazo, y con lucidez y sangre fría me hizo seguir nadando hasta que logramos subir y llegar a la isla”, contó con lágrimas.Vi la muerte de frente”.

Medio siglo de carrera, tres hijos y tres nietos (Captura de video)

En la era del #MeToo, la romana nacida el 9 de marzo de 1955 le quita romanticismo a esos inicios a los 14 años. Suele recordarle a los medios que esa niña que debutó en La moglie più bella, dirigida por Damiano Damiani (el director que le cambió el nombre real, Francesca Rivelli) no podía procesar aquel mundo dominado por hombres. “Ser definida como una bomba sexual ha tenido consecuencias. Ha hecho del sexo hoy en día una de las cosas que menos deseo y menos me pertenecen”, le dijo a Vanity Fair.

“Al fin y al cabo, a los hombres nunca les importó cómo quería yo hacer el amor. Los hombres siempre necesitan ser los gallos más viriles del gallinero. ¿Quién se encargó de saber quién era yo, entender lo que necesitaba en la vida? No he tenido grandes relaciones más allá de esa dinámica. Tal vez mis ex se impresionen, pero no es su culpa. Yo soy la que permitió que sucediera. Somos nosotras las que educamos a estos hombres, las que los criamos, somos las madres”, siguió en Vanity Fair, aplaudida por cientos de lectores.

“Por convicción generalizada, una mujer que ingresa a mi profesión es una puta. De niña, mi pasión era el ballet clásico. Mi padre era lacónico: “¿Mi hija quiere ser bailarina? No, son todas putas”. Mi hermana quería ir a la Escuela de Bellas Artes, pero tuvo que elegir lo clásico, porque lo Artística era cosa de putas. Asia Argento y Miriana Trevisan acusaron a Weinstein. A la primera que contó sobre su encuentro en el hotel, le dijeron: ‘¿Vas a cenar sola en un hotel con un productor? ¿Dónde estaba tu madre?”.

Ornella Muti hoy a los 66 (Captura de video)

Sabemos ahora que los comienzos endulzados por el marketing fueron “una pesadilla”: “Me amaban directores cínicos, y vivía como en Disneyworld, entendía poco, no sabía nada, no era nadie. Creer que la vida es bella y todos son buenos, que no es posible que te digan una cosa y quieran hacer otra… Si vives en el mundo de las hadas, entonces la vida te vuelve a traer la misma lección hasta que la aprendas”.

“La Muti” vive entre Moscú y la campiña piamontesa, con cerdos como mascotas. Hija de un periodista napolitano y una escultora estonia, casada dos veces, madre de tres, abuela de Akash, se volvió famosa después de su interpretación junto a Celentano en la película El solterón domado (1980). “Extremadamente tímida”, confiesa que sentía “ganas de morir en el set ante los mil ojos encima: Tal vez los tímidos tenemos la ventaja de que miramos más, y la mirada es algo muy sensual”.

A los 19 años, después de una relación con un colega durante un rodaje, quedó embarazada, pero el padre de la criatura no quiso hacerse cargo. El hombre al que no hace mención estaba casado, le exigió hacerse un aborto y ante la negativa de ella desapareció.”Fue un pequeño calvario: ‘madre soltera’ era algo que no podías escuchar”, evoca.

Ornella Muti, durante la filmación de “A Roma con amor”, dirigida por Woody Allen en 2010.

Ahora que se ponen bajo la lupa viejos paradigmas, siente que ese mote de lugar de “objeto” que le endilgaban cientos de moralistas no era más que una forma de la libertad y una lucha también feminista. “Al principio no quería ser actriz, pero mamá trabajaba, mi hermana trabajaba, papá estaba muerto. No elegí, fue una coincidencia, lo hice, tenía que hacerlo bien, tenía que sonreír, ser hermosa. A los 21 años ya había hecho películas de gran feminismo, En La mujer más hermosa rechazaba el matrimonio a balazos, en La última mujer, podía ser libre al amar. No entendía muy bien lo que representaba. Llamémosle feminismo, pero era un feminismo en pañales”.

Recordada por su trabajo en Flash Gordon (1980) como la princesa Aura, la que en 1994 fue elegida por votación de la revista Class la dama más hermosa del mundo se sorprende cuando tantos años después le rinden tributo aunque más no sea fugazmente, como en el primer capítulo de la temporada 2 de la serie Sex Education. Su antigua imagen aparece unos segundos, como una oda a sus grandes ojos azules.

A la dueña de los dientes separados más cinematográficos solíamos verla a fines de los ’90 como invitada especial a los desfiles de Roberto Giordano en Punta del Este. En 1999 estuvo dos meses en el pais, filmando la película Tierra del fuego, a las órdenes del chileno Miguel Littin. A nivel de grandes estrenos la vimos por estas latitudes por ultima vez en 2012, en A Roma con amor, dirigida por Woody Allen.

El afiche de “La moglie piú bella” (con Ornella Muti)

Como buena diva italiana, a lo Sofía Loren (quien estuvo en prisión 17 días en 1982 acusada de fraude fiscal) a Ornella también la señalaron por lo mismo. Y sufrió, además, una condena “por hacerse la enferma para ir a cenar con Putin”. El escándalo fue mayúsculo: en diciembre del 2010 presentó un certificado médico al teatro Verdi de Pordenone, donde actuaba, argumentando in­flamación aguda de la tráquea, fiebre y voz ronca. El doctor indicaba cinco días de reposo, pero ella tomó un avión a San Petersburgo y asistió a una cena benéfica con el presidente ruso, más Kevin Costner, Sharon Stone y Gérard Depardieu.

La sonrisa salió publicada en medios rusos, por lo que desde el teatro Verdi iniciaron acciones legales. El Tribunal Supremo italiano confirmó que le esperaban seis meses entre rejas y el pago de 500 euros de multa. ¿La solución para evitar la prisión? 30.000 euros.

Con una línea de joyas y otros productos dedicados a la belleza, Ornella no puede calcular la cantidad de seguidores que hubiera cosechado de haberse inventado Instagram en los setenta. Solo calcula los de hoy, que son poco en comparación con las décadas doradas, poco más de 200 mil. Casi no hay centennials que sepan quién es. Su discurso, sin embargo, podría inspirar a miles que podrían caer en la boca del lobo: “Nunca me han violado pero, siempre me han acompañado a las citas de trabajo. Desde que tenía 14 años me di cuenta de que los hombres me molestaban. Me molestaban cada dos días”.

Ornella Muti en Cannes en 2000 (Foto AFP)

“En el autobús en Roma, cuando yo era una niña, las ancianas me hacían sentar aunque el coche estuviera vacío. Tenía grupos de hombres alrededor. Si te rebelabas, te echaban del autobús como a una puta. Fue tu culpa si se tocaban. ¿Te das cuenta de lo dura que es la vida de una mujer? Si miras hacia atrás, ¿qué encuentras?. He tenido directores que me golpeaban las rodillas con una rama para hacerme llorar en el escenario, pero nunca lo he contado y no diré los nombres ahora porque no me interesa aparecer en esta televisión horrible para contarle a mi propio negocio o ser un mártir”.

Recuperada de un pozo anímico que atravesó en 2020, la pandemia le dejó sus marcas. Cuando explotó el coronavirus en el mundo, la infección respiratoria se llevó a su madre y a su yerno (el marido de su hija Carolina).

¿Echa de menos un amor ahora?, le preguntaron desde el Corriere della Sera hace unos años a la ahora pareja del empresario Fabrice Kerhervé. Su filosofía terminó volviéndose un cartelito viral: “No extraño y no sé si alguna vez tendré otro. Primero tengo que entender: ¿Qué es el amor? La película no existe. Entonces, ¿por qué volver a ser una esclava mental? No hablo de machismo y feminismo. Yo amé, no entendí, me equivoqué. Ahora quiero que la meta sea el amor por mí misma, quiero levantarme de la cama y que no me importe si tengo arrugas, aunque luego me las quiera quitar”.

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