La famosa foto de Cortázar por Sara Facio: ¿retrato o caricatura?

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Sara Facio debe ser una persona de confianza o una artista con acceso libre y exclusivo a ciertas personalidades. Quizás no tenía competencia. Quizás no se dio cuenta de la broma que le jugó el gracioso de Julio Cortázar, que gozaba de un humor formidable y pudo haber convertido el retrato más famoso de la autora en una caricatura.

La foto célebre, Las Meninas de Sara Facio, su Gioconda, es también algo así como el no va más de la pose. Por lo general, los retratos no buscan reflejar a la persona sino al personaje, encima Cortázar -saco, corbata y peinadito para la foto- (re)posa con el cigarrillo pegado al labio, simulando el típico aire bohemio del mundillo de los ’60.

O sea, en un mismo instante, en una misma impostura, ¿dos puestas en escena?

Y un cigarrillo en la boca

Como si todo fuera un fake fundacional, obsérvese también el detalle: ¡Cortázar ni siquiera lo fuma! Lo tiene apagado, descansando en la boca, ubicado demasiado al centro. Hasta pareciera pesarle un poco. Ligeramente incómodo le queda por haberse tratado de un fumador que supo apagar 40 colillas diarias.

¿Sara Facio le habrá pedido que lo use para la foto o que lo fume? ¿Por qué está apagado y con aires de comienzo? ¿Será una metáfora? ¿O será todo exactamente al revés de lo que escribimos hasta ahora? ¿Y si Facio eligió un guiño de malicia intelectual para presentarlo de esa manera en el mundillo?

Encima, la eminente fotógrafa decía que no le salían fotos “lindas”, sino “verdaderas”. Facio, la del maravilloso retrato de los muchachos peronistas. Para el General la única verdad era la realidad. Y la “realidad” –cínico el peronismo- puede que sea un invento.

Jóvenes 90 años

La muestra de Sara Facio en el Museo de Bellas Artes está por finalizar. Pero Facio siempre vuelve. O, mejor dicho, nunca se va: este sábado 18 de junio, para celebrar sus 90 años, sus fotos más representativas se expondrán a cielo abierto en cuatro barrio porteños: Recoleta, San Telmo, Congreso y Centro.

Pero ahora estamos en el Bellas Artes con un pequeño contingente que llega en plan “visita guiada” como parte de un curso de fotografía por teléfono celular. Un puñado de aprendices con smartphone en mano haciendo un ejercicio práctico.

Pero la pregunta que nos hacemos delante del retrato es por qué Sara no esperó a que Cortázar encendiera el cigarrillo. Y debatimos: ¿será un Gauloises o un Parisienne? Hablamos de la foto icónica del autor de Rayuela, la que funciona como versión definitiva del escritor.

La exposición se llama Sara Facio: Fotografías 1960/2010 y reúne 39 obras de la artista argentina. Leemos en una pared: “Un homenaje por su incansable tarea como gestora cultural e iniciadora de la colección fotográfica del Museo, en 1995”.

Ella misma fue la encargada de seleccionar el conjunto de imágenes que integran la muestra. Todas provienen de su colección privada. La foto de Cortázar sería un hit.

Hay imágenes de sus series “Primeros premios”, “Humanario”, “Buenos Aires Buenos Aires”, “Funerales del presidente Perón” y “Bestiario”, entre otras.

Ningún retrato como ese

Cortázar posando con el cigarrillo apagado. Ningún retrato tan retrato como ese. Una foto con dimensión de postal blanco y negro nacida y crecida para ser abrochada en el corcho del escritorio. Una fotografía con el temperamento no de adorno, sino de musa inspiradora.

Además nos damos cuenta de otras imágenes emblemáticas: Jorge Luis Borges, María Elena Walsh coloreada, Ernesto Sabato, Astor Piazzolla, Pablo Neruda, Gabriel Garcia Marquez, Octavio Paz, Doris Lessing, Federico Leloir.

“Nunca entendí la fama de esa foto de Cortázar. Sara Facio debe creer que un tipo posando con el cigarrillo apagado es arte o Cortázar tenía una capacidad de ironía descolocada, que nunca puso en práctica en sus cuentos…”, dice alguien del grupete, Iphone en mano.

El profe dice que el retrato no busca reflejar a la persona, sino al personaje. Encima Cortázar es un escritor que funciona como el Van Gogh de las letras: el que no sabe nada de pintura, sabe quién es Van Gogh.

Nos cruzamos con Diego Levy y entre los del contingente de aficionados se produce un ligero revuelo. Selfie con Diego, Premio Nuevo Periodismo de la Fundación García Márquez, autor de libros, cineasta de culto.

-Perdón Diego, ¿la foto que estamos viendo de Cortázar es original o es una reproducción?

Mmmm, yo creo que ella hace reproducciones ilimitadas, porque tiene una postura con respecto a eso. Debe haber muchas copias de esta foto de Cortázar. Una vez la escuché hablar del tema, diciendo que no adhiere a la copia seriada, porque eso está en contra del principio fundamental de la fotografía que es la reproducción.

Son pocas fotos por tratarse de una retrospectiva de medio siglo. Si fueran más ameritarían carteles estilo Louvre señalando el camino fácil y directo a la Gioconda de Facio.

Nos dicen: “El retrato es como una alianza entre el rostro y los ojos”. Lo anotamos. ¿Y la caricatura qué sería? “La caricatura exagera los rasgos, pero no deja de ser retrato con intenciones un tanto más críticas”.

El Cortázar de Facio es un lampiño que mira a cámara. La foto es de 1967 y forma parte de una colección llamada “Mis escritores”. ¿Cortázar habrá encendido el pucho o no? ¿Y si aún no fumaba y simuló el ademán para pertenecer al ambiente de intelectuales?

Yendo más lejos: ¿o será que Facio odia el cigarrillo con su correspondiente humo? En el retrato de Gabo, que también está en la muestra, claramente el escritor colombiano enciende un cigarrillo que no se ve. Es más, por un abracadabra de la cámara hasta daría la impresión de que el autor de Cien años de soledad estuviera tocando la armónica.

El paso del tiempo, cierto consumo irónico personal y subjetivo, la guerrilla del campo audiovisual, el hecho de que existan tantos fotógrafos como teléfonos celulares, etcétera, hace que de golpe uno pueda ver la foto icónica de Cortázar menos parecida a un retrato que a una caricatura.

“Los puntos cruciales para la expresividad de un rostro son los ojos, la nariz y su entorno”, nos dicen. “Fíjense bien en la foto: la nariz de Cortázar invita a fumarse un puchito.