Tecnodigitalidad: cuando los Gobiernos apuntan a las redes sociales

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Tanto en WhatsApp como Twitter muchas frases son leídas de acuerdo con lo que siente, lo que le pasa o interpreta el receptor. Somos nosotros quienes construimos el significado de lo que leemos.

Los emoticones intentan ayudar a interpretar con mayor precisión el mensaje escrito, pero la comunicación humana es compleja. Cuando alguien habla no solo lo escuchamos, también lo observamos y viceversa. Lo verbal y lo paraverbal están presentes: gestos del rostro, postura corporal, las manos, la mirada, el tono, el ritmo, la expresión.

Antaño comprar una estampilla, escribir una carta y meterla en un buzón. Eso también provocaba que los mensajes sufrieran interpretaciones equivocadas y que las aclaraciones demoraran días o meses, pero ahora esto pasa a la velocidad de la luz. ¿Cuántas parejas en el mundo han finalizado su relación por un malentendido en WhatsApp? ¿Quién dijo que acelerar un audio permite “recibir el mensaje”?

Los especialistas dicen que toda conducta es comunicación, incluyendo los silencios, pero esto podría explicar alguno de los patrones de los malentendidos, de interpretaciones equivocadas o de incontinencia al tipear, cooptada por la emoción violenta.

La falta de la gestualidad y la entonación son la mecha de la bomba. Ni hablar de la ausencia de contexto cuando nos referimos a temas “sensibles”). La ironía, las bromas, el sarcasmo, los imperativos, las agresiones, el romanticismo son algunos de los jinetes del apocalipsis twittero. Cataratas interminables de trucos y retrucos disparados por el emisor y la imparable amplificación del medio digital.

La comunicación escrita en registros digitales solo trasmite el contenido. Esto también queda en evidencia y es aprovechado por la innumerable cantidad de fraudes digitales que se dan diariamente y en los cuales un factor clave es precisamente este: solo el contenido.

Vladimir Putin, presidente de Rusia.

Putin versus las redes sociales

Las plataformas líderes parecen tener una postura reactiva ante el ciberdelito, la proliferación de códigos secretos para comercializar pedofilia, la transmisión en vivo de un atentado o un suicidio resultan ser incontenibles en redes sociales.

Sin embargo, parecen estar mucho más interesadas en gestionar contenido y accesibilidad a cierta información, dependiendo quien sea el protagonista, el emisor y el receptor. Deberíamos preguntarnos, entonces, si las estructuras supra-gobiernos que controla la industria tecnológica son apropiadas.

Por eso, cuando Twitter dice “lo que está pasando ahora”, se explica la causa por la que es utilizado por la mayoría de los líderes políticos del mundo como un medio de comunicación instantáneo para llegar a los ciudadanos.

Y por esto mismo, Rusia decidió bloquear las redes sociales con la sanción de una ley que castiga con cárcel a “la desinformación”, porque, según el Kremlin, Facebook, Twitter e Instagram divulgan mensajes violentos contra Putin y las tropas rusas en Ucrania.

Un antecedente concreto se dio en 2016, cuando Donald Trump exprimió Twitter durante su campaña electoral y a lo largo de toda su presidencia hasta que la red social suspendió su cuenta en enero de 2021.

Trump fue bloqueado también en Facebook y YouTube luego de publicar mensajes que incitaron a la violencia durante el asalto al Capitolio de Washington, en medio del conteo de votos que confirmó la presidencia de Joe Biden. Fue quizás el primer presidente tuitero, por sobre su equipo de comunicación.

Donald Trump, expresidente de los Estados Unidos.

El caso de la aplicación de Donald Trump

Google bloqueó la nueva aplicación de Trump al sostener que incluye violencia en varias publicaciones. Truth Social incumple en Play Store las políticas de contenido, pero podría estar disponible en iOS, para usuarios Apple.

¿Criterio o marketing? ¿Marco normativo o ideología? ¿Moderación o libertad de expresión? Todas respuestas difíciles de obtener. Lo cierto es que Truth Social incorpora un sistema de moderación de inteligencia artificial automatizado y al mismo tiempo moderadores humanos supervisan el proceso de revisión.

En la misma línea, en plena campaña electoral de Brasil, Jair Bolsonaro denunció a WhatsApp, la vía preferida de sus partidarios, al sostener que “buscan perjudicarlo”.

La plataforma de Meta optó por no lanzar en ese país una nueva función, llamada Comunidades, que permitirá organizar grupos de difusión más grandes que podrían ser utilizados para llegar a más personas y de forma dirigida.

No obstante, Bolsonaro también tiene un canal de Telegram con novedades diarias que reciben más de 1,300 millón de seguidores. YouTube, la plataforma de videos más usada del mundo, borró una publicación del canal oficial del presidente brasileño en la que se denunciaban irregularidades en las elecciones de 2018, cuestionando la seguridad de las urnas electrónicas.

Al igual que en iniciativas de marketing, las campañas políticas y las comunicaciones de los gobiernos difunden sus acciones y decisiones a través de las redes sociales con mensajes en Twitter, fotos, videos, conferencias de prensa, y selfies en actividades oficiales.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil.

El poder de las redes sociales

Pero Twitter como herramienta depende del contexto. En ciertos momentos puede ser más efectiva que una ronda de prensa, pero todo depende del objetivo al cual se apunta. Invitaciones a actos de violencia, usando mensajes indirectos con datos falsos o parciales se convierten rápidamente en señales de apoyo a posturas extremas o violentas.

Si todo esto resulta poco, debemos sumar que la instantaneidad e inmediatez está llevando a la máxima expresión esta situación en TikTok, alcanzando otra franja etaria y con gran intensidad.

Enfrentarse en estas plataformas a un ataque, a insultos o amenazas, no es tarea fácil, dejar pasar una conversación agresiva, irrespetuosa y hostil genera en muchos casos una sensación negativa que termina por lograr el objetivo de aquel que falta al respeto.

Twitter no logra frenar este tipo de situaciones, pero, por lo visto, la tendencia es similar en la mayoría de las plataformas, quienes se arrogan el derecho a decidir qué podemos ver y leer y qué no.

(*) Director general ejecutivo de BTR Consulting.